LES LUNAISONS

Texto de Anne Kerner

Nandre avanza y retrocede el tiempo, lo recorre, lo retiene, lo interroga. Lo deja pasar también. Escaparse. En su estudio inmaculado de la Roche Noire (La Roca Negra), en las alturas de Clermont-Ferrand, el tiempo parece sin embargo escaparse. El espacio de su obra, de telas, columnas y vasijas de vidrio. En el murmullo, el rumor a menudo el soplo. Aquí, uno retiene la respiración para nadar mejor. Dejarse llevar por el río, ya que la vida es frágil y la emoción sutil, preciosas en las presencias algodonosas aéreas. Aquí… « el silencio es tan grande, allí donde comienza el viento, donde se forman las palabras de un lenguaje….Estamos allí, solamente, totalmente, en la sustancia del aire ¡ Cómo somos ligeros ! » escribe J.M.G. Le Clézio.

Así, ni perdición ni deriva. En sus grandes telas irisadas, solamente la impaciencia, la espera, la ausencia, la lentitud… Sobre las tablas blanqueadas, Nandre araña, roza, cosquillea antiguos manteles de hotel encolados y juega al palimpsesto. En la inmaculada ebriedad, el alquimista exaspera la materia, multiplica las capas de pintura, guarda las reservas. Su mano se arrastra con pereza o dibuja en la urgencia. Aparecen palabras, sean derechas o al revés… ¡ Qué importa ! A menudo « provisional », « aburrimiento », « nostalgia » se leen en la textura, en el grafismo. A menudo, ella cuenta los días como un prisionero, las horas como un escolar. Con bastoncillos alineados, mezclas de trazos, pequeños papeles arrugados, o trozos de cordones. En el desvanecimiento de la tela láctea, vibra, se mueve, se riñe. Se pliega como los rosales al viento. Se imprime como el abrazo del ala de un pájaro. La hechicera hace malabares con ritos y sortilegios. No insiste. No afirma. Pacientemente hace y rehace, construye y desarma. Perturbación de los códigos. El ojo se pierde en la pureza diáfana y ama eso. Ya que Nandre seduce y corteja. Siempre en la confidencia, el secreto. Restan los signos, los ritmos, las impulsiones, las emociones que uno deja de recorrer con los ojos y los labios. Así, entre el gozo y la fatiga enamorada, Nandre hace visible el tiempo, la vacilación del tiempo. Y entrega telas « inclasificables por un trazo inimitable, la inscripción y el borrar, la infancia y la cultura, la deriva y la invención » como escribe Roland Barthes a propósito de Twombly, que ella venera.

Peor aún. Nandre aprisiona los instantes en preciosas columnas de organza y capta lo intemporal en vasijas de vidrio llenas de agua. Ya que en su taller laboratorio ella chapucea también -como le gusta decirlo-, increíbles esculturas ligeras, lúdicas y danzantes. Siempre sobre el hornaza filo de la navaja. Siempre en el límite de la caída, del vacío. Ondulando negligentemente al menor movimiento. Al menor pasaje, a la menor sorpresa. Así « el peso de los años » revela ínfimos espejos, guijarros y huesos, que se sostienen por un milagro de hilos de nylon. « El olvido » desvela espejuelos de correcciones diferentes que ofrecen una visión multiplicada de palabras y retazos de palabras inscritos sobre formas redondas y límpidas. « La marcha del tiempo » presenta una retahíla de pequeños pies suspendidos en largas y finas cintas de organdí. « La Urgencia » muestra decenas de minúsculos hombrecitos recortados de un golpe rápido de tijera, que se cogen de las manos e intentan escalar una espiral infinita. Por todas partes, la espinosa alambrada recortada y la untuosidad de la tarlatana.

La irisación de cuadrados de telas marcadas, la transparencia de tubos de laboratorio y la seda de plumas celebran en volúmenes -cuán vaporosos-, las bodas del presente, del pasado, del futuro, de lo inmediato….En un juego arañil de encajes y costuras, de invención y perfeccionamiento de materias, recogidas, acogidas, que se encuentran en sus poéticas vasijas de vidrio. Allí, nada más se mueve. Es la regla de la « intemporalidad », explica esta manipuladora genial. Inmóviles, flotando en la superficie del agua y tragadas en sus profundidades, una novia se ahoga en demasiado amor, las manos se aferran a un salvavidas, las perlas se maravillan de sus reflejos mientras que una de ellas busca su respiración.

Con la ayuda del aire, del agua, de la luna entre el fluido y el mineral, la artista da una nueva vida a los materiales y toca con sus dedos deslumbrados « el número del movimiento » del cual habla Aristóteles. Ella convoca también en la extenuación tan blanca de su obra aureolada, « el tiempo muerto de espacio y cubierto de flores, y del perfume de las flores, y del tiempo del nombre de las flores » que evoca Fernando Pessoa. Nandre abarca la memoria y aprieta la eternidad, el espacio mágico de las Lunaisons

 


 

LA HIERBA EN ESTADO DE VIGILANCIA

L’HERBE EN ETAT DE VIGILANCE - Texto de Roland Duclos

Es la naturaleza de la mirada la que hace el acontecimiento. Es su intensidad y su relación con el sujeto lo que le asegura el evento. ¿ Y si invitándonos a escrutar la hierba es a nosotros a quien el artista observa ?

Realizar el postulado de que Nandre atraviesa una fase macrofigurativa no pertenece a uno de aquellos procedimientos de escritura que permiten quitarse el pesado fardo del etiquetaje conceptual o abstracto. Entoncès, bastaría con identificar cualquier modo de expresión caracterizado por la ausencia de indicios, como un efecto de ampliación de una parte de un todo, para así singularizar la banalidad hermética.

Podríamos así objetivar cualquier tipo de representación. En el caso presente, ninguna necesidad de recurrir a este procedimiento. El artista no procura esconder las pistas. Ella entrega por si sola las llaves de su obra : Estados de Hierba » un plural multiplicando un singular. Una unicidad en sus infinitos.

Variaciones vegetales que no buscan reconocer ni nombrar el sujeto por sus particularidades. La hierba es tomada en una aceptación genérica. El hombre la aprehende al ser sólo superficie. Se trata de un múltiplo, de un todo que se admite indisociable. Salvo a hacer de ella un objeto de estudio que permite al detalle de escaparse de su condición indiferenciada, a su anonimato, para anunciar así sus propiedades.

No, lo que fascina a la artista plástica al punto de hacernos compartir una especie de estado de fascinación, es la observación de esta ausencia de estatus que le otorga el herbolario, por ejemplo. Nandre aísla un perímetro que somete a nuestra sagacidad, de la misma manera como ella tomaría un cuadrado de multitud, una banda de nubes, o cualquier dimensión definida, líquida, mineral o gaseosa, a fin de invitarnos a focalizar nuestra atención, sobre esos espacios sobre los cuales una cotidianidad prolongada ha agotado insensiblemente todo interés.

Su objetivo sería el de despertar el mirar, de ponerlo en estado de vigilancia; de cierto modo para compensar esa indiferencia culpable, esa fría ignorancia mantenida hacia este elemento constitutivo de nuestro paisaje. Mejor aún, de esa otra parte de nosotros mismos que recibe nuestros pasos, se amolda a nuestro cuerpo del que ha recibido la huella enamorada, y alimenta nuestra mirada.

Si el objeto de sus investigaciones se halla renovado, Nandre, sin embargo, se mantiene fiel a una estética de la isocromía que ella cuida en su relación con el sujeto y su tratamiento. El blanco en su candor de lis, lo instala en una postura de icono, confinado a una casi santidad.

La materia se ve definida doblemente, no sin una cierta complejidad. A través de la transparencia y a la vez de la opacidad láctea. En una relación de ligero espesor. La materia parece fluctuar entre lo que la constituye y la insistencia de su contenido, que se nos mantiene sin embargo prohibido al entendimiento.

Como si su significado se quedara al final sin objeto. Como si la hierba, por su sola presencia, justificara su razón de ser. Para demostrarnos tanto la persistencia retiniana como la permanencia de la memoria o la insistencia de un tan inconfesable como oscuro apego. La hierba crece en nosotros, penetra en nuestro ser íntimo, crece y se multiplica. « Cortar la hierba bajo los pies », ella vuelve a crecer al interior de las carnes.

Para probarlo, Nandre deja deambular toda una teoría impúdica de estos miembros anteriores convencidos sin nuestro acuerdo de su desconcertante intimidad vegetal. Ella nos invita a escrutar de cerca el indiscreto anonimato a través del encierro de « Cajas de Vigilancia ».

Al final, « Etats d’herbe » no resuelve nada del misterio de nuestras afinidades con lo vegetal. Enunciándolo, tratando de precisar su naturaleza, lo obscurece aún más y lo vuelve extrañamente indispensable, inevitable.

 


 

Textos de Nandre

 

Etats d’herbe (Estados de la Hierba)

Hierbas, fragmentos de la naturaleza olvidados que escapan a nuestro mirar al formar parte de un todo. Aislados, se vuelven únicos y entonces la mirada se vuelve perspicaz.

 

Singulière nature (Naturaleza Singular)

Lo que es singular, interroga, interesa y la naturaleza es singular, a veces muy singular…Ver y mirar la naturaleza, ver lo que no se había visto y que amaríamos ver…

 

Dépaysages

Una historia de orden y desorden en la naturaleza, un mirar diferente sobre fragmentos de paisajes y de humanidad que están desplazados, quebrados, naufragados.

 

(en espagnol / en espanol)

 

 

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LA HIERBA EN ESTADO DE VIGILENCIA

 

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